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Emil von Behring: la lucha contra la difteria del primer Premio Nobel de Medicina

Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre

Cuando salta a las portadas el primer caso de difteria en España desde hace 30 años, parece obligado dejar un hueco entre los gigantes del blog a Emil von Behring, el “salvador de los niños y los soldados”. Si levantara la cabeza…

behring

Emil Adolf von Behring nació en Handsorf (hoy Polonia) el 15 de marzo de 1854. Siendo el mayor de trece hermanos, su única opción para estudiar Medicina pasaba por alistarse en el ejército. De este modo, en 1878 se licenciaba en la Academia militar de Berlín, bajo el compromiso de servir durante unos años como médico militar.

Completado el periodo de servidumbre, en 1889 pasa a trabajar como profesor en el Instituto de Enfermedades Infecciosas de Berlín, dirigido nada menos que por Robert Koch. En 1890, junto al japonés Shibasaburo Kitasato demostró la posibilidad de generar inmunidad frente al tétanos en animales a los que se inyectaba suero…

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Humildad

Me cuesta añadir entradas porque ya está todo dicho, sobran las palabras, y es hora de dedicar el tiempo a hacer y entender.

Y aún así aquí estoy, aportando mi granito de arena, por si alguna de mis palabras puede  servir para algo, de un modo que yo desconozco.

Hace poco una amiga dijo casi de paso que la humildad era una cualidad fundamental.

Y  se me ha quedado  rondando. La humildad es discreta, pequeñita, algo que muchas veces no tenemos en cuenta, que se nos olvida , y confundimos con falsa modestia  o con no querer reconocer nuestras cualidades.

Para mí es la puerta al cambio, la que nos permite reconocer nuestras imperfecciones, y también la que puede hacer que hablemos en voz alta de nuestras mayores destrezas, sin caer en la arrogancia o la soberbia.

La humildad nos descubre con todo lo que somos, ni más ni menos.

Y la tenemos  poco en cuenta. Demasiadas veces la despreciamos  para escondernos en diferentes rostros,  saboteándonos en nuestro proceso de aprendizaje.

La falta de humildad nos hace ciegos. A veces ciegos a reconocer nuestras virtudes, a veces ciegos para asumir nuestros defectos.

Irremediablemente tendemos a perderla en algún momento de nuestra vida, como ocurre con la inocencia.  El camino de vuelta consiste en recuperarlas  a ambas, ya de otro modo, más maduro, más sereno, más pleno.

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